Líneas de trabajo estratégicas

EuropeG basa su actividad en tres amplias líneas de análisis:


La crisis del euro y el futuro de la UE.
La actual crisis ha puesto de manifiesto, con toda su crudeza, las limitaciones a las que se enfrenta la zona euro tal y como está diseñada actualmente. En especial, ha mostrado los desequilibrios que puede provocar una integración monetaria, sin la necesaria integración presupuestaria e institucional, y con un mercado europeo en el que la movilidad de factores y la integración real de algunos mercados, no es la que prescribiría la existencia de un área monetaria óptima. La opinión, el debate y la reflexión sobre los límites de una unión monetaria incompleta (y, en particular, sobre la necesidad de que la integración monetaria vaya acompañada de la necesaria integración política e institucional) es hoy un tema crucial estratégicamente para el futuro de la economía europea. A esta cuestión, hay que añadir, casi de forma indisociable, la de la política económica apropiada frente a la crisis, y en concreto el equilibrio apropiado entre austeridad (y consolidación fiscal), por una parte, y estímulo al crecimiento económico, por otra. Sabiendo hasta que punto, evidentemente, estas dos cuestiones se hallan íntimamente entrelazadas.

La salida de la crisis económica en España y la transformación del modelo de competitividad.
En el caso concreto de España y Cataluña, la salida de la crisis sólo es posible con un proyecto real de ajuste y reformas, que permita no sólo resolver los desequilibrios básicos, sino desarrollar un cambio profundo en el modelo de competitividad de nuestra economía. Este cambio, en buena medida, se está ya produciendo en la realidad. Examinar los vectores básicos de esta transformación y analizar las corrientes de fondo que se están produciendo en la economía ya durante estos años resulta fundamental. Como lo es subrayar los fundamentos reales, y en numerosos casos mucho más positivos de lo que el clima ambiental da a entender, para abordar estas transformaciones. Finalmente, en esta línea estratégica, es indispensable subrayar la importancia decisiva de los factores políticos: los sacrificios que requieren los ajustes sólo son factibles con unas condiciones políticas imprescindibles: liderazgo, proyecto, credibilidad, pactos y consensos. Es por ello que la construcción de un relato de salida de la crisis que analice y explique los ajustes y reformas que deben llevarse a cabo para corregir los desequilibrios básicos de la economía española es un aspecto fundamental en el momento actual.

Fiscalidad y Estado de bienestar.
La crisis ha puesto sobre la mesa la sostenibilidad del Estado de bienestar. De hecho, la crisis ha agudizado y en algunas ocasiones ha servido de pretexto para plantear un debate ya preexistente. Nunca es aconsejable adoptar soluciones a problemas estructurales en función de urgencias coyunturales. Y esto vale también para esta cuestión, por mucho que parezca evidente que la crisis va a modificar algunos de los parámetros estructurales anteriores a la misma (por ejemplo, el crecimiento potencial del PIB y, por consiguiente, el nivel de recursos públicos que podríamos considerar ‘natural’). En cualquier caso, el debate sobre el futuro del Estado del bienestar es, sin duda, uno de los grandes debates que tenemos encima de la mesa, y frente al cual tan negativas son las posiciones de defensa numantina, como las que, de forma más o menos encubierta, parecen propiciar su desmantelamiento. Sólo una actitud decididamente reformista permitirá consolidar y reforzar el núcleo básico del Estado del bienestar. Los países nórdicos, que combinan como pocos competitividad y Estado del bienestar, son un buen punto de referencia. Muy a menudo el debate político conduce a una gran simplificación de las alternativas reales, sobre aumentos o reducción de servicios públicos e imposición. En cualquier caso, ningún Estado del bienestar no es factible, ni sostenible, sin un amplio consenso político y social sobre la fiscalidad y los servicios públicos, puesto que en definitiva se sustenta en un acuerdo de transferencias de renta (entre sectores sociales y generaciones) que sólo es sostenible si resulta beneficioso para todos.

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