La cumbre europea: esperanzadora pero falta de concreción

1) La cumbre se celebró en un momento crítico, por lo menos en tres aspectos: la insoportable escalada de los tipos de la deuda soberana en España e Italia; la crisis del sistema bancario español y la falta de mecanismos de respuesta comunitarios; la perspectiva de una economía europea abocada a una seria recesión, después de la aplicación obsesiva de la receta de la austeridad.

1) La cumbre se celebró en un momento crítico, por lo menos en tres aspectos: la insoportable escalada de los tipos de la deuda soberana en España e Italia; la crisis del sistema bancario español y la falta de mecanismos de respuesta comunitarios; la perspectiva de una economía europea abocada a una seria recesión, después de la aplicación obsesiva de la receta de la austeridad.

2) El resultado de la cumbre, a la vista de la catástrofe que se podía haber producido, parece esperanzador.

a) En primer lugar, por la posibilidad de poder recapitalizar directamente a las  entidades financiera desde el EFSF, y ahora desde el ESM, y de no considerar deuda preferente la de este vehículo. Si bien esta medida queda supeditada al paso previo de la constitución del supervisor financiero (aparentemente el BCE), lo cual puede dilatarla más de lo que convendría en estos momentos.

b) En segundo lugar, la decisión de que el ESM pueda comprar deuda de los países atacados. Esta es la única medida eficaz (ya que el BCE queda descartado) para atajar el incendio de la deuda española e italiana. Pero para ello, el ESM debería actuar con toda libertad y con una potencia de fuego superior a la que tiene, o bien con la posibilidad de endeudarse ilimitadamente, si fuera menester, frente al BCE. Si esta actuación debe ser acordada cada vez por el eurogrupo, la decisión adoptada por unanimidad y sometida a reglas de condicionalidad, su eficacia resulta más que dudosa y, además, como estamos viendo, los países que necesitan como agua de mayo esta actuación dicen que no van a solicitarla para evitar ser estigmatizados.

c) El paquete de medidas adoptadas para estimular el crecimiento (los 120.000 M €) supone sin duda una inflexión importante en cuanto al reconocimiento de la prioridad del crecimiento, pero el impacto real en términos de PIB es más que modesto (hubiera resultado mucho más efectivo anunciar, a la vista del panorama, la inmediata revisión de las sendas de consolidación fiscal de los países con problemas).


3) Parece claro, pues, que estas medidas difícilmente resolverán los problemas en su totalidad. Habrá que completarlas y esperar a ver como se concretan. Los mercados reaccionaron inicialmente de forma positiva, valorando el gesto político en si mismo. Interpretando, buscando la cara más favorable, que no se va a dejar caer el euro y que se tiene el firme propósito de hacer frente a la integración fiscal y bancaria (es decir, política). Quiere ello decir que el mensaje político es fundamental. Si fuera cierto que con tan poco se han empezado a calmar algo las cosas, cabría extraer dos conclusiones: por una parte, el juicio sobre el retraso en dar este mensaje debe ser todavía más severo; y, por otra parte, el margen de maniobra para actuar en el futuro, es mayor del que tal vez pensábamos. Por cierto, ¿qué pensaban hacer los países que parece que se resistieron durante muchas horas a dar estos pasos, si M. Monti no hubiera echado el órdago?   

A pesar de estos acuerdos, y de su relevancia, los mercados siguen cotizando la tibieza del BCE y la desconfianza de que al menos el segundo de los acuerdos se concrete. La actitud de Finlandia, pro ejemplo, ha sido significativa. De nuevo, ante temas que requieren rapidez y claridad, la eurozona responde con medidas lentas y confusas.

 

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