Dijsselbloem y el triunfo alemán

El esperpento en que se ha convertido el salvamento de Chipre sólo es comprensible tomando en consideración algunas variables relevantes, en especial tras constatar el amplio consenso acerca de lo que parece un importante error de cálculo de Alemania y de Dijsselbloem, el nuevo presidente del Eurogrupo, que no podía haberse estrenado con un tema menos delicado. Vayamos, pues por partes que, me parece, pueden resumirse en las seis siguientes.

En primer lugar, algunos antecedentes. El rescate se planteó ya en junio pasado. De hecho, la isla ya había quedado excluida de los mercados en 2010 y sólo pudo sobrevivir gracias a créditos rusos. Posteriores negociaciones entre la UE y Chipre fueron paralizados por las diferencias sobre el paquete de ayuda y por las reticencias alemanas y nórdicas acerca de la voluntad de las autoridades chipriotas para luchar contra la evasión fiscal y el lavado de dinero. De hecho, en la reunión del Eurogrupo de principios de febrero, cuando Dijssebloem sustituyó a Juncker, se acordó el envío de una misión privada a contrastar estos extremos. En esta reunión ya quedó claro que el nuevo presidente del Eurogrupo, a diferencia de Juncker, no excluía la posibilidad de imponer un impuesto a los depósitos bancarios. Una medida que el anterior equipo gubernamental, presidido por el excomunista Demetris Crhistofias, consideraba inaceptable. Finalmente, la chispa que ha encendido el fuego ha sido la negativa del BCE a conceder más tiempo para que la banca chipriota continuara usando la línea de emergencia que suministraba el banco central del país.

En segundo término, algunas cifras de referencia. La banca chipriota es la más importante en términos relativos de la eurozona, con unos activos en el entorno los 150.000 millones de euros y un PIB de escasamente 18.000 millones. Además, con una deuda pública que, sin el paquete de ayuda, alcanzaría el 93% del PIB en 2013, cualquier plan de salvamento implica una substancial elevación. Con lo que ello tiene de imposibilidad en el medio plazo de hacer viable al país: con  únicamente los 10.000 millones de euros del bail-out, la deuda chipriota alcanzará valores en el entorno del 150% del PIB. Parte de los problemas de su banca son efectos secundarios de la crisis griega, afectada por la quita de deuda pública y el colapso de la economía griega.

En tercer término, ¿había otras alternativas? Se han considerado otras opciones, pero sin el consenso suficiente. Por ejemplo, de haberse concedido un paquete de ayudas equivalente al 100% del PIB, el requisito del FMI (que la deuda fuera sostenible) simplemente no podía cumplirse. Otro argumento a favor del impuesto era la excepcionalidad del caso griego, donde los tenedores privados de bonos cargaron con una parte del rescate. Además, el grueso de esos bonos están en los libros de la propia banca, por lo que tampoco su uso iba a solucionar los problemas que la aquejan.

En cuarto lugar, el alcance del acuerdo. La propuesta inicial fue un impuesto sobre los depósitos que, aparentemente, no vulneraba la protección de aquellos de menos de 100.000 euros. Con ello se espera recaudar 5.800 millones de euros, una cifra que equivale al 33% del PIB chipriota. El objetivo son los cerca de 68.000 millones de euros en depósitos (casi un 390% del PIB), de los que unos 25.000 son propiedad de particulares y empresas rusas, unos 4.000 de europeos (básicamente británicos y griegos) y unos 43.000 de residentes. Como peso sobre el PIB, el paquete de ayuda a Chipre sería el más importante concedido hasta ahora, ya que los 10.000 millones de euros de ayuda equivalen al 60% del PIB.

En quinto lugar, las posiciones de los actores en presencia. Si algo emerge de este vodevil es que se trata de juego de sombras chinescas, en el que nada es lo que parece. Por ejemplo, la posición numantina del nuevo presidente de Chipre, Anastasiades, defendiendo el impuesto para los depósitos de menos de 100.000 euros sugiere que está pensando en intereses vinculados a los grandes impositores rusos y/o a un desesperado intento por preservar un modelo de negocio bancario que parece condenado.


Un actor relevante ha sido, lógicamente, Alemania, aunque Schaüble y el presidente del Eurogrupo apoyan la exclusión de los depósitos de menos de 100.000 euros, lo que apunta al gobierno chipriota como al responsable de la distribución de la carga entre los impositores. De hecho, el impuesto sobre los depósitos era la única solución en la que todos (BCE, FMI, Comisión y Alemania) estaban de acuerdo.
En Alemania existe un amplio consenso acerca de que, sin la aportación de los mismos chipriotas, no había posibilidad de que el plan de salvamento pasara la prueba del Bundestag. Y hay que destacar que en esta ocasión tanto el SPD como la CDU han estado del mismo lado, exigiendo duras condiciones a Chipre. Ya se sabe, la cercanía electoral obliga. Adicionalmente, ambos partidos coinciden también en la exigencia que Chipre eleve la presión fiscal sobre las empresas (una parte del plan de salvamento implica pasar el tipo impositivo del 10% al 12,5%) y dejar de ser un santuario fiscal. De hecho, la tesis de un haircut sobre los depósitos procede del SPD, así como la presión para que Chipre acepte el nuevo impuesto europeo sobre transacciones financieras.
Quizás ahora, a la luz del problema chipriota se comprenda mejor la lentitud con la que se está construyendo la unión bancaria. Recuérdese, porque en estos momentos tiene mucha importancia, que sin unión bancaria no se puede usar el ESM para recapitalizar la banca de un país en problemas, como muy bien sabe nuestro gobierno. Sería ilegal.

Finalmente, ¿qué consecuencias cabe esperar? Tal y como teme el Banco Central de  Chipre, una más que probable salida de depósitos una vez los bancos reabran sus oficina. En esta hipotética huida, el propio sistema financiero chipriota se vería amenazado. En segundo lugar, quizás el reducido tamaño de Chipre (un 0,19% del PIB del área) quizás avale la visión mayoritaria en Bruselas y Franckfurt que los problemas chipriotas son el último espasmo de una crisis que, esencialmente, se ha reconducido. En tercer lugar, también hay quien sugiere que este es el peor error que el BCE haya podido apoyar, en especial porque se ha roto el tabú de la inviolabilidad del seguro de depósitos, al tiempo que se altera la jerarquía entre los distintos acreedores. Finalmente, quizás la última derivada de esta crisis sea la que apunta a una nueva victoria alemana que, al infligir costes a los depositantes, está enviando un poderoso mensaje a todos aquellos gobiernos del sur que, favorecidos por la intervención del BCE, crean que pueden quitar el pie de las reformas y del equilibrio presupuestario. No sea que fuéramos a olvidar el motto de Merkel: sin reformas no hay ayudas. Hay que recordar ahora que fue Merkel, tras la reunión de Deauville en septiembre de 2010, la que rompió un primer tabú: la de que los acreedores privados no iban a pagar la crisis griega. Ahora, pase lo que pase al final, se ha roto otro.

 

Publicado en Cinco Dias 20/03/2013

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